La III República
está llamando a la puerta



No estoy de acuerdo con el artículo anterior, "PP y CiU bailan el corro de la patata". Los acontecimientos en Cataluña se aceleran y demuestran que tengo razón. Si me lo permitís, daré mi opinión.

La Generalitat de Catalunya --Parlament y Govern-- es una institución que forma parte del Estado Español. Pero, desarrollando sus competencias y atribuciones, ha actuado en contra de la legislación española. Una contradicción resoluble, según el gobierno de España, mediante recursos y resoluciones en los tribunales. Recordemos que el Estado Español está dirigido en estos momentos por el gobierno de un partido calificado como asociación de delincuentes por la Judicatura, una asociación de tipos, políticos y votantes, que votó NO a la Constitución del 78, carta magna que ahora parecen defender a capa y espada.

Pero esta explicación está incompleta. El problema es algo más complejo. El problema es que otra banda de delincuentes, que hubo de disolver el partido Convergencia Democrática de Catalunya y crear otro, llamado PdeCat, para evitar ser económicamente responsables subsidiarios del atraco a las arcas públicas perpetrado durante un cuarto de siglo por el president Pujol y su banda del Pinyol, se echó al monte al interpretar una manifestación cívica y festiva, propia de la fecha, el 11S de 2012, Diada Nacional de Catalunya, como la evidente voluntad del pueblo de Catalunya de autodeterminarse.

A partir de ese momento, la debacle electoral de Convergencia se transformó en un drama psico-socio-político. Se pulsaron todos los resortes emocionales de los catalanes de pura cepa --los de apellidos franceses, de la Catalunya Nord, en realidad-- y se le dieron alas para aspirar a todo, firmemente apoyados por sus instituciones. Las leyes de Referendum y de Transitoriedad, aprobadas por el Parlament, y el cierre del propio Parlament para bloquear cualquier debate que pudiera implicar una marcha atrás, han centrado la crisis en un hecho objetivo: el Referendum del 1 de octubre. Unos, "los fachas", para entendernos, cerrando webs, secuestrando papeletas y urnas, interviniendo cuentas y recopilando información para imputar a los altos cargos de la Generalitat por malversación de caudales públicos --hay que tener una desfachatez ciclópea para acusar a los demás, por cierto que sea, de lo que ellos mismos vienen perpetrando desde siempre en todas las instituciones en las que gobiernan--. Otros, "los demócratas", también para entendernos, animando a participar en un referéndum imposible, sin garantías formales de ninguna clase.

El perjuro Rajoy cree que así se resuelve todo. No cuenta con la fuerza de la movilización popular pacífica. No recuerda olvidadizo la manifestación contra la guerra de Irak de Barcelona, el 15 de febrero de 2003. Esto no es cuestión de legalidades, sino de democracia, que es una eufemística forma de mentar la revuelta popular.

Consecuencias de todo ello, si las cosas van como cabe prever cuando se destapan las cajas de los truenos:

El 1 de octubre, cientos de miles de ciudadanos (no hace falta que sean millones, pero pueden llegar a serlo) se dirigirán a sus centros de votación habituales y se quedará allí durante toda la jornada electoral, esperando a que abran sus puertas, lleguen las papeletas y votar. La noticia, las fotos de las multitudes sentadas a las puertas de los colegios electorales, recorrerán el mundo. Así son los catalanes. Y muchos que no somos independentistas, ni nacionalistas ni constitucionalistas estaremos allí también. No para apoyar a los delincuentes de Convergencia, sino para dinamitar el Régimen más corrupto de Europa, emanado de la Transición.

Se impone, lo dejo claro, que el mismo 2 de octubre la frustración del pueblo lleve a una huelga general indefinida en toda Cataluña y/o a la declaración unilateral de independencia, que viene a ser lo mismo por sus consecuencias. No sé si Puigdemont tendrá los huevos necesarios --no me extrañaría, es un perfecto imbécil-- y si los catalanes se olvidarán de sus intereses económicos transitorios, pero no me extrañaría, porque es la solución obvia a tanto despropósito político. Todo cerrado en Cataluña. Todo parado.

El resultado será, en menos de una semana, la caída del gobierno de Rajoy de manera ominosa, mediante una moción de censura por incompetencia manifiesta y por haber generado, él solito, crisis y problemas que no sabe cómo resolver. Esto no son unos hilillos que salen del casco de un petrolero... Se impondrá un gobierno de concentración nacional que estará pendiente de las consecuencias de la huelga en Cataluña. No hará otra cosa que llamar al diálogo. Sin embargo, el Parlament, dominado por los independentistas, declarará la independencia unilateral de Cataluña y el advenimiento de la República Catalana. Es lo que va a hacer. Porque puede y porque debe.

El único modo de parar ese efecto es que España deshaga todo el orden constitucional y declare, a su vez, la III República Española. ¡Letizia al exilio, qué mala suerte! Desde esa legitimidad, sí que puede pararse el conflicto catalán. Las negociaciones para una confederación republicana se abrirán y, al final, todos contentos.

¿Hay alternativa a lo que digo? Sí, claro: la represión violenta. Pero no solucionaría nada. Y, por lo tanto, es algo que no sucederá.

El Régimen del 78 ha llegado a su fin. Descansemos en paz.

UN REPUBLICANO CONSTITUCIONALISTA


NOTA: Me comenta un amigo, generalmente bien informado y cuerdo, que no sucederá nada de lo que digo en los párrafos de conclusiones, porque la Iglesia llamará a la cordura (al seny) desde los púlpitos. Es bien sabido a lo que se refiere, pero lo aclaro: a que el gobierno del PP está dominado por el OPUS DEI y que todo el independentismo catalán es de escoltisme català y sacristía. Y que los curas están encantados con su catolicísima Majestad, Don Felipe de Bourbon. Cierto que el propio Junqueras acudió hace pocos días a Montserrat a recibir ayuda espiritual (o sea, instrucciones) del Abad, Josep Maria Soler. Pero éste asegura que “el Vaticano reconoce todos los estados nuevos que se crean” y subraya que “una Catalunya independiente, también”. No sé si mi amigo tiene en cuenta que la Iglesia se caracteriza por jugar a todos los paños; que el OPOUS DEI está muy mal visto por los jesuitas y que, es necesario añadirlo, que el papa Francisco es jesuita.


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